Entrevista de Marta Valcarce al Prof. Dr. Thomas Fischer | Abogado, jurista y colaborador en Spiegel

  • El conflicto se dirime entre Rusia y su mercado de Estado y las estructuras de las “Grandes Petroleras” dominadas por Estados Unidos
  • El orden mundial de los próximos 40 años se negociará entre USA, China y Rusia. La Unión Europea no será una fuerza decisiva en esa geopolítica

 

Thomas Fischer es un reconocido jurista alemán especializado en Derecho Penal. Fue juez en la 2ª sala penal del Tribunal Federal de Justicia de 2000 a 2017, ocupando la presidencia de este Tribunal desde 2013. Es autor de un Comentario estándar sobre el Código Penal revisado anualmente y de muchos otros libros especializados. Ha sido columnista en medios como ZEIT o SPIEGEL. Desde 2021 ejerce de asesor jurídico criminalista para la firma legal Gauweiler & Sauter y continúa colaborando como articulista invitado con SPIEGEL.

 

¿Cómo fue percibido en su país la invasión rusa de Ucrania?

La posibilidad de un ataque real por parte de Rusia a Ucrania fuera del Donbás era vista como algo bastante dudoso de partida. El debate público estaba dominado por la esperanza de que el conflicto se limitara a amenazas y pudiera resolverse diplomáticamente. Por ello, el alcance de la violencia militar se percibió en primera instancia como sorprendente. 

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la información en Alemania es extraordinariamente parcial. Los informes de la propaganda rusa se presentan sistemáticamente como mentiras, mientras que los informes y la propaganda llegada de Ucrania se asumen en su mayoría de forma totalmente acrítica.

 

Tras esa sorpresa inicial ¿cómo se vive ahora el conflicto? 

La guerra de Ucrania es ahora mismo el tema dominante (y único) en Alemania. Se percibe como un punto de inflexión que cambia toda la historia de los últimos 50 años y de nuestro futuro. Sin embargo, es una conversación planteada desde el pánico, una narrativa que se construye sin tener apenas en cuenta los antecedentes y los contextos, y orientado hacia soluciones “simples” mediante la culpabilización y la contra agresión. 

El debate en Alemania se ha focalizado en la búsqueda de culpables de la supuesta “mala” política establecida con Rusia en el pasado, por haber sido demasiado indulgentes; y en quién proporciona más o menos ayuda militar a Ucrania e impone más sanciones contra Rusia. En este contexto los sermones de otros gobiernos de la UE se consideran en parte baratos e hipócritas, ya que los Estados especialmente críticos se encuentran en situaciones económicas completamente diferentes, por un lado, y por otro proporcionan una ayuda humanitaria significativamente menor.

 

¿Qué cree que se juega la Unión Europea en este conflicto?

Que exista una posición independiente de Europa que adquiera peso entre los intereses de las grandes potencias es cuestionable. Esto también se aplica a los equilibrios e intereses en la OTAN.  Un fortalecimiento masivo del componente militar-geoestratégico conducirá a un mayor debilitamiento de la Unión Europea como potencia política; y al mismo tiempo, reforzará las tendencias antidemocráticas.

La escalada de violencia militar en Europa conduce a la incertidumbre generalizada, a la desestabilización de los sistemas políticos y al fortalecimiento del miedo y la duda, combinados con inseguridades y colapsos económicos y políticos masivos. Esto favorece en gran medida los movimientos “populistas”, es decir, antidemocráticos, dirigidos contra las “élites” y los sistemas complejos, acompañados de conceptos radicales y autoritarios. 

 

¿El conflicto nos aboca a un Nuevo Orden Mundial?

El orden mundial del siglo XXI -o de los próximos 40 años- se negociará entre Estados Unidos, China y Rusia; probablemente con numerosos conflictos militares directos e indirectos. La guerra en Ucrania es una expresión directa de esto, al igual que las guerras en Irak, Afganistán, las guerras civiles en Siria, Libia, Yemen y otros estados. Los Estados europeos y la Unión Europea no son fuerzas decisivas en estos conflictos. En mi opinión, la Unión Europea no sale reforzada sino debilitada por la confrontación, ya que se convierte (de nuevo), y más que en décadas pasadas, en el campo de juego y en el potencial campo de batalla de los intereses de las grandes potencias.

En ninguno de los Estados que se consideran “grandes” o que lo serán en el futuro dominan las estructuras y los sistemas auténticamente democráticos.

El núcleo de los conflictos no es una disputa sobre los principios de la democracia, los derechos humanos o la libertad (como quiera que se defina), sino la competencia por los recursos mundiales, cada vez más escasos, a saber, el petróleo y el gas. La guerra entre Rusia y Ucrania no es una guerra entre el bien y el mal, la moralidad y la inmoralidad, sino entre el poder y los intereses de mercado rusos dirigidos por el Estado y las estructuras de las “Grandes Petroleras” dominadas por Estados Unidos.