Desde que entró en vigor el confinamiento, el pasado 15 de marzo, como sociedad hemos sabido adaptar el llamado “distanciamiento social”, ya que lo cumplimos en lo físico, pero estamos más cerca que nunca virtualmente hablando.

Ese mismo día, en España alcanzamos un pico histórico en el acceso a internet y, el lunes 16, nos convertimos en el segundo país de la UE y el sexto a nivel mundial, por tráfico en la red.

El uso de voz fija y móvil se sitúa en altos niveles, pero Cisco España señala que el vídeo es, sin duda, uno de los mayores responsables del incremento del consumo, representando el 70% del tráfico de internet en España.

Según datos aportados por Kantar, se ha registrado un incremento del tiempo dedicado a WhatsApp del 76%, crecimiento que ha sido del 40%, junto a Facebook e Instagram, entre los menores de 35 años. Hecho que ha requerido que compañías como las que dirige Mark Zuckerberg hayan tenido que incrementar la infraestructura y capacidad de sus servidores.

En las semanas que llevamos confinados hemos conseguido modificar nuestros hábitos y dar la vuelta a las estadísticas al tratar de adaptarnos a la nueva situación. De esta forma, los días entresemana representan ya los mayores índices de conexión, algo que en una situación normal se registraba durante los fines de semana.

Por franjas horarias, con anterioridad a la crisis del COVID19, los mayores índices de conectividad se daban entre las 19:00 y las 21:00 horas, una tendencia que ha cambiado porque a las 20:00 horas cae la demanda por un buen motivo: tenemos una cita en nuestras ventanas y balcones para agradecer y recordar a los que están en la primera línea de batalla.

Teletrabajo sí, webinars también, actividad académica en modalidad online por supuesto… pero, todo ello, dejando un importante espacio para el ocio, eso que ahora mismo tanto echamos de menos. Challenges, conciertos, monólogos y espectáculos en directo, entrenamientos, e-games, vistas virtuales y tutoriales de todo tipo, llenan nuestra agenda en estos días de confinamiento y ponen a prueba nuestros sistemas de red.

Con todo este contexto resulta paradójico que, en estos momentos, las pantallas sean casi el único punto de unión y comunicación con el exterior, en un tiempo en el que no podemos ver más allá de nuestra ventana y en el que lo que más añoramos es el contacto físico y los abrazos. ¿Dejará huella esta situación anómala en nuestra forma de relacionarnos cuando todo pase o volveremos a los corrillos con amigos en los que cada uno está pendiente de su smartphone? Quien sabe…

 

Alexandra Mariño

Senior Manager

@Alexandramlopez