Llevamos ya más de tres semanas de cuarentena, confinados, y parece que va a ser otro mes más, cuando creíamos que iban a ser dos semanas. Algunos lo llevamos mejor que otros, pero lo que está claro es que no volveremos a ser los mismos, ni como personas individuales, ni como sociedad, porque lo peor, o quizás lo mejor, está por venir. En estos días, todo el mundo escribe sobre el #quedateencasa pero yo creo que tenemos que empezar a mirar al frente, #UnidosVenceremos, y para ello, lo primero, recomiendo una buena dosis de resiliencia.

Algunos apostarán por la inteligencia como primera arma para el despegue, otros por la determinación, otros por el extra de motivación o energía. Yo, lo primero, por la resiliencia, que la RAE define como: “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o situación adversa”. Todos hemos sido resilientes, alguna o varias veces en nuestra vida, al pasar por situaciones complicadas, pero lo que marca la diferencia es el cuánto y cómo de resilientes tenemos que llegar a ser para triunfar. Mucho.

Para mí, la definición no-oficial de resiliencia es, no la habilidad de aguantar, sino la “habilidad de mantener una buena actitud mientras aguantas”. Esa es la clave que nos llevará ser mejores resilientes, durante más tiempo, y hará que salgamos adelante. Como ejemplo personal, mis primeros años de profesional, con veintipocos años, los pasé en una de las consultoras de comunicación más importantes del mundo, realizando fotocopias a las seis de la mañana, rellenando tablas de Excel y haciendo 30 llamadas de teléfono al día. Así, dos o tres años durante 8 o 10 horas al día. Después, por las noches, asistía a las clases del máster de comunicación y hacía los respectivos trabajos. Lo mejor, estaba encantado, no perdía la actitud positiva y mientras a mis compañeros consultores “quemados” los fueron despidiendo uno a uno, yo decidí sobre mi futuro.

¿Por qué algunas personas son más resilientes que otras? ¿Qué lleva a que algunas empresas se rompan y otras, salgan reforzadas de situaciones complejísimas? Desde mi punto de vista la actitud, que no la aptitud. El principal problema de la resiliencia es que tenemos que invocarla, sí, a modo chamánico, porque es uno de los grandes enigmas de la naturaleza ¿de dónde sale? Es como la fe, la creatividad o el saber cocinar una tortilla francesa ¿Es innato? Nadie lo sabe, pero desde luego hay que llamarla y ser muy persistente en su desarrollo.

Más que la formación, la capacitación, la experiencia o la inteligencia, la resiliencia, en este tipo de situaciones, marcará la diferencia entre salir o quedarnos atrás. Según los psicólogos, las personas más resilientes, poseen alguna o varias de estas tres habilidades: una aceptación razonada de la realidad que están viviendo, una profunda ética y moral, a menudo fortalecida por valores muy firmes, en base a creer que la vida tiene sentido y, lo más importante, una extraña habilidad para improvisar. ¿Te ves reflejado en alguno de ellos? Enhorabuena, si lo sumas a una pizca de optimismo, puede que seas resiliente.

 

Juan Ramón Gil

Director de estrategia

@juanramongilgo1