El dato: Alba, este día cumplirías 18 años. La verdad: cada palabra duele como un corte.

Mi niña, hoy, como cada 17 de julio, recuerdo el día en que fui al hospital para darte la bienvenida. Nunca vestí traje y corbata con más sentido festivo. Lucía el sol y el océano era de un azul perfecto. La vida nunca fue tan de cartón pluma como en aquel instante, cuando tu pediatra, el pediatra de tus hermanas, me dijo que habías nacido para sufrir. Mi pequeña.

El mes de julio se ha convertido en una sombra. Ya no hay luz en el sol ni azul en el agua. Cuando llegan estos días todo se torna gris ceniza. Los olores y los sabores son la nada. Y la vida un recordatorio de tu ausencia. Hoy cumplirías 18 años y, por una vez, no sé qué decirte. No sé si la historia de lo que ha sido cuenta, apenas entiendo el sentido del presente y el futuro es un tiempo que apuro con anhelo. Tus hermanas son preciosas y las quiero por el mundo de los mares. Te adivino siempre entre ellas. Lo que son y lo que pudiste ser. No tengo otras flores que mis lágrimas, las que siempre me acompañan cuando te hablo. En el silencio cómplice de la pérdida. En ese tramo incierto de la realidad.

De la ausencia de tus ojos he hecho la mirada más limpia. No ha pasado un día sin que mamá y yo pensemos en cómo ayudar a otro niño. Alba, en tu nombre alumbrábamos la esperanza de la mañana que viene y de verdad, pequeña cherokee, que lo intentamos. Pensamos en las pequeñas cosas que definen lo bueno de la vida. Y guardamos ese sendero como el tesoro más preciado. Y nunca llena.

No hay nada que llene el vacío sin fin que te sigue. No importa. Sigo achicando el mar con el cubito de playa. Llenando el vacío con la perseverancia de las olas que musitan tu nombre. Trabajo tu memoria con un te quiero eterno pegado a mi boca.

No estás más y en este adiós total eres el centro de mi vida. La constancia de que lo importante apenas tiene relevancia, pero que todos los besos, los abrazos de algodón y las nanas susurradas perduran en el inmenso mapa de las estrellas. La vida sigue y con ella la incomprensión de la pérdida y la culpa de no hacerla mejor y más bella.

Hoy, en tu 18 cumpleaños, te regalo estas palabras que germinan del dolor. En unas horas, cuando me toque a mí cumplir años, tú serás como siempre, mi mejor y más preciado regalo. Porque las palabras duelen como cortes de navaja, pero también dibujan la vida, pugnan con el dolor y acotan la impotencia. Porque las palabras te reivindican y te mantienen junto a mí.

Porque recordarte con ellas es siempre la antesala de tenerte.

Te quiero, mi pequeña. Siempre.

Papá

Alba, nació el 17 de julio de 2002. Desde 2004, la Fundación Alba Torres Carrera ayuda a niños en riesgo de exclusión social.