En las últimas semanas me he visto en varias situaciones en las que se me ha preguntado por mi profesión. Supongo que mi juventud es un aliciente para esta pregunta. Al principio, me decantaba por la simple respuesta “Relaciones Públicas”, pero más de uno me lanzó una mirada ojiplática, por lo que pasé a inclinarme por “Consultoría de Comunicación”. La confusión siguió siendo patente. A la desesperada, solía terminar con un resignado “Marketing”, frente al cual la respuesta era un invariable “Ahhh, ahora sí”.

No lo voy a negar, esto me frustra. No logro deshacerme del resquemor que me causa la familiarización del público general con el marketing, pero no con la comunicación corporativa. La gran mayoría de las personas ajenas a este mundillo con las que me he cruzado en los últimos años parecen no diferenciar entre marketing – o publicidad- y comunicación corporativa, incluso englobando a esta última dentro de la primera. No les culpo. Mientras que las estrategias de marketing y publicidad acaparan redes sociales y titulares, las relaciones públicas permanecen en un modesto segundo plano. Sin embargo, esto no significa, ni mucho menos, que su importancia sea menor.

Aunque la gente de a pie no lo sepa, el marketing y la publicidad no son más que meras herramientas al servicio de la comunicación corporativa, la gran matriarca. Sin ella, no existe la identidad ni la imagen de marca. Sin ella, todos aquellos valores y atributos que la gente asocia casi sin pretenderlo a determinadas marcas desaparecen. Ese es el inmenso poder de la comunicación. Sin ella, no hay nada.

Por supuesto, como en casi todos los casos, existe una excepción que confirma la regla. Las temidas crisis institucionales. La peor pesadilla de todas las empresas. Y con motivo. En estos casos, la gente no solo espera que la compañía se pronuncie, sino que parece exigirlo. Pongamos de ejemplo el reciente caso de la explosión fatal en la planta petroquímica de IQOXE. Aquellas primeras horas tras el accidente en las que la empresa mantuvo un silencio absoluto, las redes sociales bullían de protestas y recriminaciones. Es más que probable que para la gran mayoría el nombre de IQOEXE pasara desapercibido hasta ese momento, pero desde entonces la compañía se ha visto expuesta a un escrutinio brutal del que, para ser sinceros, no ha salido especialmente bien parada.

Son estos momentos clave en los que las compañías tienen que demostrar que su identidad corporativa está a la altura de su imagen de marca. Todos los ojos puestos en la empresa, un solo paso en falso y su credibilidad recibe un revés difícil de superar.

¡Oh comunicación! ¡Mi comunicación! Te rendimos pleitesía.

 

Lidia Fraile

Ejecutiva de cuentas

@lidiafrai