COVID-19 es sin duda una crisis que marca un punto de inflexión en toda la sociedad a nivel global. Desde el punto de vista del consumo, los hábitos se adaptan a la realidad de cada momento y son tan cambiantes como las condiciones en las que cada sociedad vive en función de la evolución de la pandemia y las posibilidades que brinda su “particular” desescalada.

Todavía estamos en medio de una crisis sin precedentes donde la incertidumbre juega un papel fundamental, por lo que establecer unas premisas que perduren en el tiempo es arriesgado y perecedero. Sin embargo, existen varios factores que condicionarán, sin lugar a duda, el consumo post COVID.

Los efectos económicos de la pandemia en todo el mundo son devastadores y además no tienen ningún antecedente por las particularidades en los que se ha producido. Según los últimos datos del Ivie (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas), el consumo de los hogares caerá un 31,5% entre abril y junio y podría caer un 11,8% en el conjunto del año.

A medida que la economía se contrae, la digitalización de la sociedad se expande. La tecnología es el caballo ganador en esta pandemia. Según los expertos, en unas semanas de confinamiento se ha avanzado el equivalente a cinco años en crecimiento de mercado empresarial. Un gran avance especialmente para el consumo, que ha visto en la digitalización su gran salvavidas. Si la comunicación online era una tendencia, ahora es una exigencia.

Una de las principales consecuencias de este acceso masivo a la red, es que nos encontramos ante una sociedad más informada, con más capacidad para la búsqueda de fuentes oficiales, que deriva en una mayor capacidad de crítica. Prevalece la transparencia y se premia la asunción de errores frente a la justificación sesgada. En este contexto, los medios vuelven a recuperar su posición, aunque ante un espectador más formado, más exigente y con más opciones en la búsqueda de contenidos de calidad.

Como novedad, entra en la escena informativa, una nueva generación de influencers. Los profesionales de la salud (sanitarios y científicos) se convierten en los nuevos líderes de opinión. Los héroes del COVID-19 llegan para convertirse en los portavoces autorizados por excelencia, porque la salud se ha puesto de moda.

Y es que ya no se trata de vender cosas, si no de crear elementos y servicios de acuerdo con un estilo de vida. Es necesario crear contenidos más allá de los productos. Se trata de generar experiencias, fomentar el placer del consumidor, crear nuevos momentos y recuerdos propios de su estilo a través de los productos y servicios ofertados. Una trazabilidad que el consumidor analiza desde la decisión de compra, hasta después de la adquisición. Una búsqueda que en el marco de esta pandemia se ha orientado hacia la salud y la sostenibilidad.

Y en este escenario, las empresas con mayor responsabilidad social salen fortalecidas, pero solo en aquellas en las que su RSC está integrada dentro de los valores propios de la compañía. La RSC sigue siendo una fortaleza, pero solo en aquellas empresas en donde forma parte de su ADN, la sociedad ya distingue el maquillaje de la responsabilidad real, porque la solidaridad es una forma de vida. Inditex, Mercadona y Sean lideran el último informe Merco sobre las empresas españolas con mayor compromiso/solidaridad durante la pandemia. En unos meses tendremos que analizar si ese liderazgo se ve reflejado en su cuenta de resultados.

Mientras la crisis lo permita, es momento de revisar estrategias para verificar que nuestra hoja de ruta está en línea con las nuevas reglas del juego.

Área de consumo

@torresycarrera