Invertir en ética e integridad es, sin lugar a duda, el mejor negocio para líderes y organizaciones. En la defensa de este postulado están los beneficios para la gobernanza interna de las organizaciones, y para el entorno social donde operan las compañías. También se argumenta mayor rentabilidad a largo plazo fruto de una buena reputación, consideraciones morales de responsabilidad hacia el otro y en pro del bien común. Menor atención suele prestarse, sin embargo, a la actualidad geopolítica, fundamental para comprender por qué la transparencia, la integridad y la lucha contra la corrupción plantean una ventaja competitiva tan central. 

En primer lugar, la puja entre Estados Unidos y la República Popular China es el nuevo eje de la geopolítica. A diferencia de lo que ocurría durante buena parte de la Guerra Fría, donde Washington llevaba a cabo una estrategia de “contención” de la Unión Soviética (con escaso o nulo vínculo económico entre sí), hoy Estados Unidos y la República Popular China son interdependientes en la mayor integración del capitalismo a través de la digitalización y la Revolución 4.0. 

Existe una corriente de analistas que ven una retirada de Washington del mundo. Lejos de la realidad; el repliegue en Afganistán y la ampliación del pacto con Reino Unido y Australia (Auskus) en el Indo-Pacífico, indican un reacomodo para competir con el extraordinario crecimiento de Beijing. La estrategia se desarrolla entre una combinación de coexistencia que se profundiza en lo económico y una competencia por el poder político, la influencia y la tecnología

En segundo lugar, dicha dinámica se desarrolla en todo el planeta, incluido el hemisferio occidental. ¿Qué significa para España y América Latina? Que Washington, en su competencia con Beijing, está trabajando para elevar los estándares de transparencia y colocar a la lucha anticorrupción como un asunto central para el desarrollo de la región, ayudando asimismo a sus compañías a competir sobre el terreno. Los estándares estadounidenses son muy estrictos en cuanto al debido cumplimiento y penalizan las prácticas corruptas de sus empresas y ciudadanos en el extranjero (Foreign Corrupt Practices Act). 

Al mismo tiempo, Washington aumenta su atención y esfuerzos en América Latina ante la expansión china en sectores estratégicos. Esto se traduce en mayor presión sobre el funcionamiento del mercado, procurando poderes judiciales independientes, cuerpos de seguridad del Estado alejados de estructuras corruptas, y a través del apoyo directo al combate del narcotráfico y el crimen organizado. 

Una seria advertencia para todos son los daños en la reputación y negocios derivados de casos como Odebrecht SA (compañía que se declaró en bancarrota después de años de pagar multas multimillonarias tras el mega-escándalo), los Panama Papers y las recientes revelaciones de Pandora sobre mega evasión en paraísos fiscales

Aquellos que no entiendan que deben poner sus cosas en orden, con transparencia, no sobrevivirán a los embates que vienen. La falta de integridad, la corrupción o el permanecer pasivos ante las demandas de una sociedad movilizada son un mal negocio para empresas y corporaciones. 

La ética, ser éticos, en la práctica –más allá de poses y discursos– es imprescindible. El nuevo liderazgo empresarial debe ser proactivo y prevenir. Ello requiere pensar en el compliance no sólo desde una mirada legal, imprescindible desde luego, sino desde una óptica integral de la reputación, de las relaciones con actores de interés y desde la promoción y el ejercicio profesional de asuntos públicos éticos. 

 

Promesas y realidad

La gran batalla actual es simbólica ante una opinión pública cada vez más exigente. En el plano comunicacional, el desafío es proponer a organizaciones, empresas y equipos de gobierno a enfrentar el Walk the Talk, es decir, transitar lo que se ha proclamado.

Hoy resulta imperante acortar la brecha de dispersión existente entre lo que se ha comprendido y conceptualizado como urgente e importante y aquello que aún no se está pudiendo llevar a cabo. En esa brecha, la opinión pública se ha vuelto evaluadora del desempeño de todos quienes desean constituirse como actores sociales. Castiga con la cancelación o premia con el galardón de la legitimidad. Las excusas, el “aquí siempre se hace de esta manera”, no van más. La gestión es diaria y demanda una alta dosis de responsabilidad y de asesores cada vez más comprometidos, apuntalando a los equipos de trabajo para dirimir la cotidianeidad del desempeño ético. 

Muchas compañías han comprendido la importancia de la ética –y han sofisticado sus áreas internas de Compliance y Governance– aunque los problemas y las demandas cambian todos los días. 

Ante este contexto, España podría recuperar su influencia política e incrementar inversiones en América Latina, transformándose en un puente de Bruselas con la región a través de la promoción y el incentivo de la transparencia corporativa. La Unión Europea es, en definitiva, una potencia normativa y lidera la transformación verde, ejes sobre los cuales España tiene espacio para amplificar su voz y su trabajo en Latinoamérica con un mensaje poderoso: invertir en ética e integridad es, en definitiva, el mejor negocio para el desarrollo.

 

Joaquín Mirkin

Senior advisor de asuntos públicos

@joacomirkin