En el clásico del cine de terror, decir tres veces Candyman delante del espejo desataba un infierno de muerte y desolación. Los responsables de la campaña de Núñez Feijóo en las elecciones del 12-J no son supersticiosos e hicieron de esta triple contraseña su claim de campaña. Los carteles del candidato conservador rezaban: Galicia, Galicia, Galicia.

En lugar de muerte y desolación a Núñez Feijóo el claim le ha acompañado en su cuarta victoria consecutiva emulando a una figura faraónica de la política española como Manuel Fraga. En Galicia decir Fraga sigue teniendo algo de atávico. El león de Villalba no solo transitó con éxito de la dictadura a la democracia, sino que también convirtió el PP de Galicia en una suerte de PNV atlántico.

Más allá de empatar con el prodigio que ejercitaba su cerebro memorizando listines telefónicos (es una leyenda popular tan entrañable que da igual su veracidad), Núñez Feijóo hace historia el 12-J por una victoria que, en realidad, vale por tres (seguimos a vueltas con Candyman):

Primera. Es una victoria personal. La ausencia de las siglas en la iconografía electoral es un indicativo claro de la estrategia. Pero, más allá de los carteles, Núñez Feijóo ha ilustrado que el PP de Galicia tiene un tono de voz y una forma de hacer las cosas marcadamente diferente al PP nacional de Pablo Casado.

Segunda. Es una victoria de gestión. De la gestión de cuatro años, pero sobre todo de la gestión de la pandemia del COVID-19. La situación en abril (fecha inicial de las elecciones) no era tan holgada como la conseguida en julio. La variación a mejor está directamente relacionada con la manera de gestionar la crisis. Con sentido común y un discurso constructivo.

Tercera. Mantiene el tirón en las principales ciudades de Galicia respecto a los resultados de las últimas generales. El voto del PP de Galicia no se puede encasillar solamente en el rural envejecido. Los datos muestran su atracción de voto urbano con un amplio espectro de edad y con un grado de fidelización que ha sido causante directo del fracaso de VOX en Galicia.

Galicia, Galicia, Galicia… nunca se dijo tantas veces el nombre de una Comunidad como trampolín al Gobierno de España. Porque a nadie le quepa duda, hay una victoria más que añadir al zurrón de Núñez Feijóo: el liderazgo carismático de un PP errante.