El actual contexto en el que estamos inmersos como consecuencia de la Covid-19 ha cambiado las reglas de juego en prácticamente todos los sectores. Los cimientos de la industria, la sanidad o los servicios, entre otros, se han visto sacudidos y esto nos ha llevado a reinventarnos, a tirar de creatividad para reaccionar lo más rápido posible y minimizar así el impacto y las consecuencias económicas de la pandemia.

Pero de estos últimos meses también hemos aprendido lo necesarios que son los entornos amplios en los que podamos interactuar de forma segura y la importancia de la creación de hábitats y ciudades más sostenibles que contribuyan en la lucha contra el cambio climático.

Las previsiones apuntan que para el año 2050 cerca de 2.500 millones más de personas vivirán en entornos urbanos. Si a esto le sumamos el hecho de que los edificios son responsables de aproximadamente el 30% de las emisiones de CO2, todo apunta a una necesaria revisión de los antiguos modelos arquitectónicos y constructivos.

Por suerte, el sector de la arquitectura y el de la construcción llevan ya unos años innovando en este ámbito, planificando y diseñando proyectos respetuosos con el medio ambiente, tanto desde el punto de vista de la optimización de los recursos naturales empleados en el propio proceso constructivo, como del uso de materiales y soluciones que contribuyan a la eficiencia en las edificaciones. Muestra de ello, es que cada vez es más frecuente encontrarnos con proyectos que apuestan desde sus inicios por la consecución de certificaciones sostenibles como LEED o BREEAM.

Materiales capaces de filtrar el agua de lluvia para su posterior reutilización, productos que capturan el CO2 que los atraviesa, soluciones capaces de absorber la radiación UV para después liberarla en condiciones de baja visibilidad… No es ciencia ficción, ya están aquí y han llegado para quedarse y para contribuir a crear entornos más respetuosos.

Alexandra Mariño

Senior Manager

@Alexandramlopez