La combustión
es social

Análisis prospectivo

2040 aparece como horizonte simbólico de caducidad del motor de combustión y, con él, de buena parte del modo de vida construido alrededor del vehículo privado. El problema no es solo tecnológico. El verdadero conflicto está en la consecuencia: el motor se apaga, pero con él se desestabilizan hábitos de consumo, cadenas industriales, modelos energéticos, activos inmobiliarios, turismo, fiscalidad urbana y cultura de propiedad.
La movilidad deja de ser una necesidad operativa individual para convertirse en un sistema de asignación de costes: quién paga la transición, quién conserva libertad de movimiento, quién pierde mercado, quién captura los datos, quién controla la infraestructura y quién redefine el valor del vehículo. El contexto adicional refuerza esta lectura: la movilidad eléctrica en la UE avanza con retrasos por precios elevados, infraestructura de recarga lenta, burocracia, falta de modelos asequibles, incertidumbre regulatoria y presión competitiva exterior.

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